miércoles, 9 de julio de 2008

La Penal de Oblatos

La Penal de Oblatos
Recuerdo haber conocido externamente la penitenciaría de Oblatos
[1]. Esto antes de que fuera demolida a principios de la década de los ochenta, para transformarla en la unidad deportiva que hoy es. A la entrada de ese edificio, se arremolinaba por la mañana un bloque de gente, que aguardaba para ingresar a visitar a sus familiares. Sirviendo los canceles de entrada como salida, vi pasar a aquellos que recién alcanzaban su libertad. Tuve la oportunidad de observar a los quinceados[2] que salían libres en grupo con el pelo rapado, algunos de ellos tatuados y apurados por perderse entre la gente, ante la despectiva mirada de los guardias apostados sobre los muros. Es rara y a la vez intrigante, esta sensación de poder contar ahora un poco más sobre ese lugar, tan familiar a la vista en cierta fase de mi vida, pero tan ajeno e incomprensible al mismo tiempo. Antes como hoy, esa zona era conocida como el barrio de “La Penal”.

A razón de ser esta una historia de presos en Oblatos, el primer paso que daré para el apuntalamiento de esta investigación, va encaminado a elaborar ese gran dibujo que asienta un espacio específico. Propiamente, esta cárcel estuvo situada en el cruce de las calles Gómez de Mendiola y Sebastián Allende, también conocida como “la 58”, del sector libertad exactamente frente a la actual estación “Cristóbal Oñate” del tren ligero, que corre por la avenida Juárez y que al cruzar la calzada independencia, ya en el oriente de la ciudad, se transforma en la avenida Javier Mina[3].

Oblatos, era sin duda una de las piezas arquitectónicas que daban distinción a las colonias del oriente de la ciudad. Vino a sustituir a la antigua penitenciaría de Escobedo, la cual estuvo ubicada en los que para mediado del siglo XIX, fueron los huertos del Convento del Carmen, donde hoy en día se encuentra el parque Revolución[4]. La estructura física de Oblatos fue diseñada a fines de los años veinte por los arquitectos Agustín Basave y Filiberto López Aranda, y realizada materialmente por Xavier García de Quevedo. El costo total de la cárcel fue de 600 mil pesos, quedando con una frente de 184 metros y un fondo de 344.[5] Se inauguró el 8 de julio de 1932[6] en una ceremonia en la que se permitió la entrada a los jaliscienses de la época, para que admiraran la fortaleza de sus instalaciones.
En general puedo decir que la estructura de Oblatos esta concebida como un panóptico; esa ideación de la cárcel funcional en forma de estrella, creada por el ingles Jeremy Bentham a mediados del siglo XIX. Sobre la cual el mismo autor declaraba que era una de las formulas arquitectónicas más efectivas para la reclusión y la vigilancia, al grado de ofrecerse el mismo como operador de su propia obra, como lo manifiesta en la siguiente carta:
Permítaseme construir una prisión con ese modelo, y yo seré carcelero de ella. Veréis en dicha memoria que este carcelero no pide ningún salario y nada costará a la nación. Cuando más pienso en ello, más me parece que tal proyecto es de aquellos cuya primera ejecución debería estar en manos de su inventor. Si en vuestro país se piensa lo mismo a este respecto, quizá no se vería con malos ojos mi fantasía[7].

En un principio -y hablo de principios de los años treinta del siglo XX- la Penitenciaría de Oblatos estaría constituida por dos estrellas con ocho pasillos y por una serie de talleres en su alrededor para que ahí los presos recluidos laboraran en lo que duraban sus procesos.
[8] Ignoro las razones por las cuales la construcción se alejó del proyecto original y terminó siendo una estrella dividida por la mitad –medio panóptico- que juntas conformaba catorce pasillos[9]. El Departamento de procesados se encontraba del lado de la pared que daba al oriente de la ciudad, mientras que el Departamento de sentenciados estaba del lado poniente. En el libro La rebelión de Oblatos, José Aguilera Arévalo hace una breve descripción sobre estos dos departamentos:
El departamento de procesados, que es el segundo en tamaño, tiene forma de estrella, con 6 “picos” que son las regaderas, donde hay celdas por ambos lados, separados por un pasillo o calle. En estas calles hay puestos de tacos, de “comidas corridas” y de refrescos. En este departamento, se hallan obviamente las personas que todavía están sujetas a proceso. Por otra parte, el departamento de sentenciados tiene la misma figura que la de procesados y parecidos puestos en las “calles”, aunque cuenta con el doble de celdas. Aquí están los reos que ya han recibido su sentencia y purgan la condena que se les ha señalado.[10].

Por otro lado y con el afán de dar precisión a esta descripción de Oblatos, no deja de ser importante hacer referencia a la forma de ambos departamentos presentada por el Sr. Rafael Ortiz Martínez, quien fue detenido durante el año de 1972 perteneciendo a un comando del Frente Estudiantil Revolucionario, el cual luego de un accidente, fue recluido en Oblatos, cárcel a cuyos más importantes departamentos refiere de la siguiente manera:

El de procesados, era en forma de estrella. Un piso con una división, o sea; dos celdas a lo alto, por doce a lo largo. Era menos contaminado y más tranquilo. También las calles eran conocidas como la A, la B, la C. La calle C estaba clausurada por una barda para convertirla en el Departamento C o también conocido como “El Corralito”. El Departamento de Sentenciados era el más grande. Tenía dos pisos y cada piso tenía una división, o sea con dos celdas a lo alto por cada piso. Tenía forma de estrella en donde cada pico era una calle que eran conocidas como la calle A, B, C, etcétera. Cada calle parecía un edificio de vecindad con cuatro departamentos en lo alto por doce a lo largo. Estaba muy contaminado y ahí se encontraban los presos más viejos y la mayoría de “Los Chacales”.
[11]

Si se observa el plano del mapa tres realizado en 1975 que aquí presentó, se puede ver que al centro de los medios panópticos, se ve un pequeño círculo respecto al cual parten los siete pasillos que conforman cada uno de los departamentos. Esa estructura de vigilancia permanente, se complementaba con los once fortines[12] ubicados sobre los departamentos de procesados y sentenciados, en cuyo rededor se instalaban seis de los mencionados once fortines. Dichos fortines contaban con una entrada lateral, y un solo orifico que daba hacia la penitenciaría, por lo cual era imposible que los presos tuvieran la certeza de si había o no alguien instalado dentro de él. Así, la estructura cumplía el principio de Bentham que con precisión recoge Michel Foucault en el libro Vigilar y Castigar:

El panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico, se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central se ve todo, sin ser jamás visto. Dispositivo importante, que automatiza y desindividualiza el poder. Éste tiene su principio menos en una persona que en una cierta distribución concertada de los cuerpos, de las superficies, de las luces, de las miradas; en un equipo cuyos mecanismos internos producen la relación en la cual están insertos los individuos
[13].

Con la referencia de Foucault respecto a la función de la celda y el sistema de vigilancia, queda claro que el castigo no sólo se sitúa en el encierro, sino que el objetivo central es la desarticulación del individuo desde diferentes planos. Ese cometido, es la clave de la cárcel moderna según palabras de Cesar Barros Leal:

La prisión es ante todo, un castigo. Ésta representa, en la practica, por encima de cualquier duda, muchísimo más que la mera privación de libertad, teniendo en cuanta que el condenado pierde, además, en un ambiente hostil, de tensiones y promiscuidad moral, la seguridad, la privacidad, la intimidad, la capacidad de autopromoción, la identidad social, subordinándose, a más de esto, a comandos autoritarios, impuestos no sólo por el director, por los agentes penitenciarios, como también por los liderazgos formados por otros presos[14].

La entrada de Oblatos se ubicaba por la calle Gómez de Mendiola. Junto a la entrada estaban las oficinas administrativas del lado oriente y los juzgados por el poniente. Un documento inédito que habla respecto a la estructura material de Oblatos para tratar de amplificar lo más posible la descripción de la cárcel como escenario, lo encontré en La Guerrilla en Guadalajara, que fue escrito por algunos de los miembros del “Colectivo Rodolfo Reyes Crespo”, el cual esta integrado por algunos de los ex militantes de la guerrilla. La mayoría de los miembros del colectivo estuvieron en Oblatos durante las década de los setenta. La visión descrita en este trabajo imprime ese rasgo sombrío que la cárcel emanaba en todo momento:
La mazmorra de Oblatos imponía desde su entrada. Era una construcción levantada con piedra negra de origen volcánico, de ahí su color, siguiendo el patrón de una fortaleza medieval con sus torreones de vigilancia y sus almenas[15].
A fines del año 2006 tuve la oportunidad de platicar con el señor Reyes Alvarado M. quien fue celador de Oblatos de los años de 1958 a 1978. Con unos planos y una serie de imágenes, tuvimos la oportunidad de hacer largo recorrido por los campos de lo que fue la penitenciaría, dándome una explicación pormenorizada de la mayor parte de las instalaciones y las funciones que componían a Oblatos. Entre los aspectos que hasta el momento me parecen más sobresalientes para integrar esta descripción, él señaló que la penitenciaría estaba rodeada por una muralla de unos cinco metros de altura, construida de roca volcánica. Cómo ya antes dije, distribuidos a su alrededor, contaba con once garitones o torreones, que incluían una pequeña puerta en donde se instalaba un policía. Desde ahí vigilaba mientras que por un pequeño orificio podía colocar un rifle para apuntar y disparar en caso de situaciones críticas. En la parte superior de la muralla, había un pequeño pasaje por donde caminaban los guardias, en este caso, eran los elementos de la policía rural del Estado los encargados de estar en ese lugar. Cada uno de los guardias apostados en los garitones daba una señal cada hora, para confirmar la situación de alerta constante. La señal era gritar el número de cada uno de los garitones y así, en secuencia se repetían hasta llegar al número once.
Durante las noches a veces los guardias se dormían, y esa era la razón para que los arrestaran. Por ejemplo, empezábamos: ¡uno, alerta!, ¡dos, alerta!, y de repente se hacia un silencio y se brincaba al cuatro. Entonces unos guardias iban por el vigilante dormido o distraído, lo despertaban y a la mañana siguiente ya no lo dejaban irse a su casa, ahí se quedaba en el patio unas horas.[16]

El entrevistado relató que uno de los grandes problemas hacia el año de 1973, era la sobrepoblación, ya que cuando se construyó la penitenciaría había sido diseñada para 800 reos. Para principios de los setenta había más de 2,500 presos
[17]. El asunto que más le preocupaba al Sr. Alvarado M. como celador para ese año del 73, era que no había un lugar determinado para ellos. La mayoría de los presos comunes pasaban prácticamente todo el día en los pasillos y sin un uniforme que los distinguiera, por lo cual era posible que presos como los guerrilleros a los que se consideraba peligrosos, se las arreglaran para confundirse entre los presos comunes recluidos en las celdas de los departamentos de procesados y sentenciados y así tener más oportunidad para poder escapar:

Todo el día, los señores de sentenciados y procesados andaban sueltos en el patio. A las 5 de la tarde, se tocaba una trompeta para llamar al pase de lista. Se paraba uno en la puerta de cada departamento y el “bastonero” se encargaba de ratificar que los nombrados se encontraran presentes. En caso de que alguno faltara, se le pedía a “los gritones” que se pasearan por el patio gritando el nombre de los que no estaban y era uno como celador, quien levantaba el reporte para que se les castigara por la falta. Ya si yo veía que era uno conocido, no levantaba el reporte y lo metía a su celda.
[18]

Es esta mención sobre la falta de un espacio para los guerrilleros, la que me da pauta para explicar en lo posible, la forma en que fue construido este lugar para separar ahí a aquellos militantes pertenecientes al movimiento armado. A partir de esa exclusión y aislamiento a la que fueron sujetos los guerrilleros, que intentaré construir una serie de reflexiones que permitan entrever como es que se manejaron las relaciones de poder entre estos presos sui géneris, y aquellos individuos que formaban parte de la administración carcelaria, los cuales se encargaban de su vigilancia y tratamiento.
A partir de 1973 los militantes de la guerrilla fueron canalizados a un espacio determinado dentro del sistema penitenciario de Oblatos: “El Rastro”. Podemos deducir de esa acción selectiva por segregarlos, no sólo el propósito de mantener aislados de la población general a los presos políticos. En la acción por separar a estos individuos específicos, asoma ya un tipo de relación entre el preso y el carcelero en el cual cabrán para el último, una serie de mecanismos discrecionales con lo que contará para hacer “uso” de los individuos recluidos en “El Rastro”.
De ahí que se pueda plantear que una de las hipótesis de esta investigación será que a través de los guerrilleros encarcelados, el brazo penitenciario y jurídico de un gobierno autoritario, intentaría conocer, desentrañar y predecir a la guerrilla que operaba en Guadalajara durante esa década. Los guerrilleros se constituyeron en fuentes de información dispuesta a ser utilizada en relación a cada una de las incursiones que en el exterior hacia la guerrilla. En este entendido, vendrá a ser efectiva la aseveración de Michel Foucault sobre funcionalidad de los cuerpos encarcelados, en tanto estos están situados en planos que conciernen a la lucha política.

El cuerpo esta también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a trabajos, lo obligan a una ceremonias, exigen de él unos signos. Este cerco político del cuerpo va unido, de acuerdo con unas relaciones complejas y reciprocas, a la utilización económica del cuerpo; el cuerpo, en una buena parte, esta imbuido de relaciones de poder y de dominación, como fuerza de producción; pero en cambio, su constitución como fuerza de trabajo sólo es posible si se haya prendido de un sistema de sujeción.
[19]

Sobre esta relación preso político- sistema penitenciario, en la cual el individuo se convierte en fuente de información y a la vez elemento fractal, sujeto observado en busca de descifrar un fenómeno de resistencia como lo fue la guerrilla, ya abundaré más adelante, en particular en el capítulo cuatro, cuando toque las jornadas de tortura y el aislamiento. De cualquier manera no está de más ir delineando juegos de poder como el antes referido, los cuales en buena medida son la razón última de una estructura carcelaria dispuesta para la disminuir individuos actuando en un espacio cerrado como lo denota la función misma de “El Rastro”, como lugar asignado a un grupo específico.
Cercar al individuo en una situación de crisis, la cual a su vez implica una forma de guerra, le permitió al aparato judicial y penitenciario mexicano, adelantarse a los hechos en ese mismo plano de lucha. Un preso político representaba varias cosas a la vez. Por un lado estaba la relativa inmovilización de la guerrilla. Por otro lado, esos presos podían ser valiosas fuentes de información. La información importante es la de los miembros y de la estructura, hasta el momento no he encontrado que hubiera dentro del Estado un interés por averiguar los argumentos ideológicos de los grupos armados.
La investigación corría por la ruta de lo “practico”. Nombres, lugares, armamento, estructura organizativa, casas de seguridad. Con esta información, se intentaba hacer un cálculo de la fuerza requerida para enfrentar a ese enemigo, de valorar sus posibilidades tácticas, armamentísticas y humanas. El espacio carcelario, dio pauta a la posibilidad de que el aparato de seguridad del Estado mexicano, desentrañara los secretos de la guerrilla. De ahí que sea importante la descripción de ese espacio, al cual en el caso de los guerrilleros debemos pensar no como un centro de penitencia o de reformación de los individuos, sino como un centro de análisis, una base de estudio policíaco que operó como laboratorio ante la guerrilla como una contingencia política a la cual había que enfrentar y resolver a partir de la reducción de sus militantes encarcelados.

[1] A partir de aquí, me referiré a la penitenciaría de Oblatos simplemente con el nombre de Oblatos, lo cual a su vez no debe confundirse ni con la antigua Hacienda de Oblatos, ni con la actual colonia Oblatos ubicada en el oriente de la ciudad. En caso de referirme a alguno de estos dos últimos lugares, los señalaré con la debida pertinencia. Yo creo que desde antes hay que referirnos a Oblatos de esa manera.
[2] Los quinceados eran presos que solo pasaban quince días detenidos por faltas administrativas. Una de las formas de castigo por dichas faltas, era la de raparlos.
[3] Mapa número 1. El mapa lo elaboré conforme a las actuales condiciones de organización del espacio en la zona. De estas, puedo decir que en general el entorno espacial que circundo a Oblatos durante los setenta sigue siendo el mismo. En particular por la existencia de la escuela secundaria número 8, la unidad deportiva lateral, la Iglesia de El Divino Preso, y por la calle 58 aun se encuentran el depósito de automóviles del IJAS (Instituto Jalisciense de Asistencia Social), la guardería del DIF y la escuela primaria. Para una mejor perspectiva de ese lugar en la actualidad ir a la sección de fotografías al final de esta investigación, páginas XXXXX
[4] La tesis de doctorado de Jorge Trujillo Bretón, será de mucha utilidad en lo que respecta a la organización de la vida al interior de una cárcel. Lo relativo a este tema se irá desarrollando a partir del segundo capítulo de esta tesis. Como dato adicional el Dr. Trujillo Bretón nos ha comentado que las rocas volcánicas que sirvieron de muros a la penitenciaría de Escobedo, fueron las mismas que se utilizaron para erguir también los muros y otras secciones de Oblatos. Para el caso, revisar Jorge Alberto Trujillo Bretón, Tesis Doctoral, Entre la celda y el muro: rehabilitación social y practicas carcelarias en la penitenciaría jalisciense “Antonio Escobedo” (1877-1911), El Colegio de Michoacán, México, 2007, 235 páginas.
[5] Juan Pablo de Tavira, ¿Por qué Almoloya?: Análisis de un proyecto penitenciario, Diana, México,1995, p. 65
[6] La reseña del evento se describió en el periódico El Informador, de la siguiente manera: “El acto sencillo y breve que tuvo por objeto hacer la inauguración oficial de la nueva Penitenciaría, se limitó a una sección musical ejecutada por la Banda del Estado, y aun discurso que se confió al Señor Licenciado, Don Manuel Acosta Bayardo, secretario del ayuntamiento de esta ciudad, quien estuvo felicísimo en sus conceptos llenos de juventud y de entusiasmo revolucionarios, expresando loas para quienes tuvieron la idea de construir una penal más en consonancia con la época (…) acto inaugural que terminó con el descubrimiento hecho por el encargado del poder ejecutivo del nombre de la Penitenciaría del Estado, cuyos caracteres se encuentran realzados en el frontispicio de la moderna construcción; y dos placas conmemorativas con la siguientes leyendas: En 1930, y siendo Gobernador Provisional del Estado el C. José María y Cuellar, se inicio esta obra, y fue concluida e inaugurada el 8 de julio de 1932, bajo el gobierno del C. Licenciado Sebastián Allende”. El Informador, Guadalajara, México, 9 de julio de 1932.
[7] Carta de Bentham a J. Ph. Garran, diputado ante la asamblea estatal. La carta esta fechada en Dover street, Londres, a 25 de noviembre de 1791. Se encuentra como uno de los documentos mediante los cuales se trata de explicar la evolución del proceso carcelario moderno. Bentham Jeremy, El panóptico, nombre de la página: elortiba.org, institución asociada: Librería Santa Fe, última actualización, 11 de junio del 2007, Argentina, http://www.elortiba.org/panop.html, fecha de consulta: 18 de abril de 2007.
[8] Mapa número 2, plano de Oblatos 1932.
[9] Mapa número 3, plano de Oblatos 1975.
[10] José Aguilera Arévalo, La rebelión de Oblatos, México, sin editorial, 1979, p. 22
[11] Rafael Ortiz Martínez, Breve historia de la penitenciaría de Oblatos, Guadalajara, sin editar, 2003, archivo personal. Se trata de un escrito de 26 páginas en donde se hace una breve descripción de Oblatos: estructura de la cárcel, fechas de detenciones, personajes y referencias a algunos hechos importantes en los que participaron los guerrilleros. Este grupo de “Los Chacales” sería al que aparentemente se le dio la orden de eliminar a los guerrilleros en octubre de 1977, cometido que falló provocando que la población -cansada de su constante hostigamiento- asesinará a la mayoría de ellos. En el cuarto capítulo de esta investigación, daré cuenta sobre los motines de 1977.
[12] Imagen número 1: el fortín. Se trata de una ilustración de uno de los torreones que conformaban los puntos de vigilancia alrededor de Oblatos. En cada uno de esos fortines se instalaba un guardia que desde ahí vigilaba tanto el interior de la Penal como el exterior de la calle. Remotamente recuerdo haberlos visto deambular por el canal superior de los muros de Oblatos de la calle 58, fuera de sus puntos de vigilancia, cargando sus rifles y mirando con desconfianza hacia todos lados. Detrás de los fortines se alcanzaban a ver las celdas del segundo piso del departamento de procesados, de entre cuyas rejas entre salían las piernas y los brazos de los presos que pasaban la tarde mirando hacia la calle y gritando a quienes pasábamos: ¡Arriba las manos! Para ver todas las ilustraciones en orden con su respectivo registro de fuente ir a la página XXX.
[13] Michel Foucault, Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, Siglo XXI, Argentina, 2001. p. 205 Respecto al abordaje que hace Michel Foucault sobre el Panóptico, es bueno señalar que no únicamente estable una relación mecánica basada en el ver-no ser visto, sino que esta función permite a quien vigila, convertir en objetos a desentrañar en sus aspectos diarios de vida. Remarco esto por que en el curso de la guerrilla hay un momento en el cual se decide trasladar a lo guerrilleros de los medios panópticos al departamento exclusivo de “El Rastro”. Sin duda será muy importante recrear la manera en que se gestó ahí esa otra mirada que se encargó de vigilar a los guerrilleros en el departamento G de presos de alta peligrosidad.
[14] César Barros Leal, Prisión. Crepúsculo de una era, Editorial Porrúa, México, año 2000, p.8 169 páginas.
[15] Colectivo Rodolfo Reyes Crespo, texto: La guerrilla en Guadalajara, Guadalajara, en proceso de edición, 2001, p.104
[16] Entrevista con el Señor Reyes Alvarado, 17 de diciembre del 2006, Guadalajara Jalisco. No puedo dejar pasar la oportunidad de comentar brevemente que el Señor Reyes Alvarado me contó una serie de sucesos mágicos ocurridos dentro de Oblatos a lo largo de su vida como celador. Entre éstos la historia del ladrón que ante los ojos de todos, atravesaba los muros por las noches y salía a robar regalos para los presos. Hay también la historia de un paletero preso por robo que juró salir de la Penal a “como diera lugar”, y un día en medio de un fuerte viento, empezó a levitar entre el aire, librando los muros ante la mirada atónita de los vigilantes. De estas historias la más impactante es la de un preso sombrío apodado “El Nagual”, quien estuvo en Oblatos durante la década de los cincuenta, encarcelado por haber asesinado a un cargador de verduras. “El Nagual” era “flaco, siempre vestido de negro, greñudo y muy barbón. Daba miedo”. Dentro de Oblatos mató a muchos por cosas insignificantes, como el haber matado a un preso que “rentaba” revistas por no haberle prestado una. “Lo acuchilló en milésimas de segundo. Los guardias obligaron a “El Nagual” que cargara el cuerpo a la enfermería, pero como era domingo y no había doctor y por ende estaba cerrado, lo hicieron que “guardara” al muerto en su celda toda la noche. Nombre, en la madrugada eran unos gritos horribles de “El Nagual” pidiendo ayuda pues el muerto lo quería matar”. Todas estas historias son parte de un imaginario de libertad y sufrimiento dentro de Oblatos que aún falta estudiar a fondo.
[17] Sobre este aspecto de la sobrepoblación, Juan Pablo de Tavira refiere una cifra cercana de presos hacia 1977. “Del año de su inauguración, a 1977, la prisión rebasó su cupo, llegando a tener cerca de tres mil reclusos. La calidad de vida dentro del penal se fue deteriorando conforme se rebasaron los límites físicos de cupo. Juan Pablo de Tavira Opus Cit., p. 65
[18] Entrevista con Reyes Alvarado M., 17 de diciembre del 2006, Guadalajara Jalisco. La función de los “bastoneros” había sido legislada desde principios del siglo XX, así éstos “debían estar provistos de un bastón de madera como única arma para hacerse respetar y defenderse cuando fueren agredidos” (Art.117) y para impedir que se cometen faltas y delitos. Además “deberán mantener el orden de sus vigilados, enviándoles los gritos (…) dándoles buen ejemplo con su conducta” (Art.119). José Barragán, Legislación mexicana sobre presos, cárceles y sistemas penitenciarios (1730-1930), Secretaria de Gobernación, México, 1977, p. 606
[19] Michel Foucault, Opus Cit. p. 33